Delincuencia Juvenil: pandilleros o asesinos

Publicado: febrero 11, 2011 en reportajes

Por: Fernando Zavaleta

Hace algunos años eran tan sólo niños que jugaban con el balón en las pistas de los barrios. Hoy, aquellos muchachos,  organizados en pandillas, son avezados delincuentes que han cambiado el balón de fútbol por las armas de fuego, apoderándose de la vida y la tranquilidad de sus vecinos.

Las cifras son duras y directas. La delincuencia juvenil, cuya principal expresión es la pandilla, se ha incrementado alarmantemente en los últimos años. En muchos lugares existen vecindarios literalmente tomados por estos grupos, quienes aprovechan la inacción policial para sembrar el pánico entre los moradores. Según cifras de la Policía Nacional del Perú, son 12,128 los vándalos que integran un total de 410 pandillas. Sin embargo, de acuerdo a estudios independientes –y a la misma realidad- el número de pandillas sería más de 500.

Estos adolescentes y jóvenes han ingresado al negocio de la venta de drogas y la extorsión, lo que origina que los enfrentamientos entre ellos sean cada vez más frecuentes: cada grupo busca imponerse en su zona.

Lo que es más preocupante aún es que muchos de estos grupos han perfeccionado su “modus operandi”, al punto de convertirse en verdaderas bandas del crimen organizado. Inclusive, se comenta que algunos de los cabecillas más peligrosos tendrían contacto con los temerarios “Maras” de Centroamérica, considerados los más sanguinarios del mundo.

Con este alarmante panorama, resulta lógico cuestionar la actuación de las autoridades competentes. Hasta el momento, las políticas represivas –que, para colmo, no se cumplen- solo han complicado este problema social.

¿Existen soluciones viables al problema? Es probable que sí, pero se requiere de un plan integral y multisectorial que hasta el momento no existe. Los especialistas recomiendan fomentar oportunidades laborales, intelectuales y recreativas, sobre todo en los lugares con mayor número de pandillas. Además, los medios de comunicación, con la televisión al frente de toda responsabilidad comunicativa, deben hacer hincapié en este problema que tanto aqueja a nuestra sociedad. Los noticieros matutinos  tienen que censurar gran parte de su contenido que esta preñado de imágenes sensacionalistas, donde los verdaderos protagonistas son justamente ellos, los delincuentes.

Así pues, nos queda claro que la fuerza de la delincuencia organizada radica en una sociedad desordenada. Una Nación en orden reúne a gobiernos, a los poderes, a sus ciudadanos, y desde luego a sus medios de información. Siguiendo este lineamiento, los resultados por mermar la delincuencia juvenil, serán más evidentes y reconfortantes. Se formará mejores ciudadanos para el futuro, se vivirá sin temores sin estar pensando en cómo cuidarse de los villanos  y donde nunca sabremos en que capítulo de estas terroríficas historias representaremos el triste papel de la víctima.

 

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